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Hipotecas con nombres y apellidos

La historia de Oksana y su ejecución hipotecaria

Hoy queremos contarte la historia de Oksana Sharova, una de tantas personas que en España un día se compraron una casa con toda la ilusión del mundo, convencidas de que alquilar es casi como “tirar el dinero” y sin pensar que un mal día aparecerían los problemas y se enfrentaría a una ejecución hipotecaria. Pero lamentablemente los problemas  aparecieron.

En el caso de Oksana, los problemas no vinieron directamente de la crisis, eso fue después, sino de un problema de salud. Un día, en 2008, le diagnosticaron un tumor en la cabeza, tuvo que dejar su trabajo y someterse a una operación y a un largo tratamiento. Aquello cambió todo y, por si fuera poco, comenzaron además las dificultades para poder pagar el préstamo hipotecario que había firmado por valor de 101.000 euros y 20 años cuando todo iba bien.

Aquella casa que su madre y ella habían comprado y llevaban pagando al banco desde hace casi 4 años atrás se convirtió entonces en una carga demasiado pesada. Durante un tiempo, los únicos ingresos que entraban en su casa eran 900 euros, procedentes de la prestación de desempleo de su madre. Tenían que pagar más de 800 euros de hipoteca al mes y las cuentas definitivamente no salían. “Era una cuestión de o comer o pagar la hipoteca”, cuenta Oksana.

Caso real hipotecas

No puedo pagar la hipoteca: ¿Y ahora qué hago?

Fueron entonces al banco para estudiar las posibles soluciones y la entidad aceptó realizar una ampliación de los años de la hipoteca para poder reducir las cuotas mensuales. Una solución temporal que, sin embargo, tampoco alivió mucho la situación, ya que las cuentas seguían sin cuadrar. Y mientras tanto Oksana seguía en tratamiento y luchando contra su enfermedad.

Oksana terminó finalmente el tratamiento de su enfermedad pero quedó con secuelas, por lo que pudo optar a una pensión de minusvalía. Pero la hipoteca seguía siendo un pesado lastre. Literalmente no llegaban a final de mes y no tenían capacidad alguna para afrontar imprevistos. No podían seguir pagando y contemplaron la posibilidad de una dación en pago.

Cómo afrontar una ejecución hipotecaria

Fue entonces cuando Oksana, en una situación de total indefensión y superada por los acontecimientos y el desconocimiento de la situación, recurrió a los servicios de asesoría de ABFinancial. El banco, sin embargo, no daba su brazo a torcer y hasta durante un año se estuvo negociando sin éxito por la concesión de la dación en pago.

La entidad inició entonces el procedimiento de ejecución hipotecaria para reclamar el importe total de la deuda y, como consecuencia, se quedó con la casa y la subastó, reclamando además a Oksana y a su madre la diferencia entre el valor de la deuda y el valor de la venta del inmueble en la subasta y otros gastos: en total, 84.000 euros.

Definitivamente, ni Oksana ni su madre estaban en condiciones de asumir esa deuda. “Ya íbamos a perder la casa precisamente por no poder pagarla, ¿además había que seguir pagando?”, comenta Oksana, que recuerda todo aquello como una pesadilla y que hoy, al menos, se siente liberada pese a haber tenido que perder su casa.

El procedimiento siguió adelante y Oksana llegó a recibir la notificación de desahucio. Un desahucio que finalmente no se llegó a producir y que hubiera sido bastante complicado por la condición de minusválida de Oksana y la avanzada edad de su madre. Así las cosas, finalmente el banco se avino a última hora a negociar una solución y a admitir la propuesta de entregar las llaves de la vivienda a cambio de la condonación de la deuda (84.000 euros). Y así se hizo.

¿Moraleja de la historia? Detrás de cada préstamo hipotecario hay personas de carne y hueso que sufren la situación y que se sienten desesperadas, pero hay solución.

Si Oksana se hubiera quedado con lo primero que le dijo el banco: una reiterada negativa a la dación en pago y la reclamación de 84.000 euros de deuda, la situación hubiera sido muy distinta. Oksana no tiene esa casa pero al menos no debe nada a nadie. Una muestra más de que peleando y haciendo valer nuestros derechos se pueden conseguir mejoras y que, en materia de hipotecas, la información es poder para saber qué alternativas tenemos y no tener que tragar con cualquier condición abusiva que quiera imponer el banco de primeras.

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